Texto: Israel Moreno

Todos conocemos los clásicos literarios de grandes autores como los hermanos Grimm, Lewis Carroll o James Matthew Barrie, cuyas historias marcaron a más de una generación. Siguen vigentes a más de un siglo de existencia, ayudados, en buena medida, por la infinidad de adaptaciones en la pantalla grande; como las dos versiones de Alicia de Disney o la interpretación del eterno niño en Pan (2015) por parte de Warner Bros.

Sin embargo, en Come Away (Érase una vez), la directora Brenda Chapman (Brave, 2012) nos trae una peculiar mezcla entre Alicia y Peter Pan. Convierte a la dupla en hermanos, y los enfrenta a un mundo real donde tendrán que superar una tragedia familiar, mientras se encuentran en el limbo entre crecer o seguir siendo niños.

¿Otra propuesta que no aporta nada?

En el cine comercial, es complicado encontrar ideas que contribuyan algo nuevo al mundo del séptimo arte, pero sí que pueden dar una refrescada a ciertos géneros. Lamentablemente, no es el caso de Érase una vez. La narrativa, durante más de la primera mitad, peca de lenta y parece no avanzar nada, al contrario de los últimos minutos. El desenlace se tropieza al correr tratando de darle cohesión a una historia a base de guiños, ya sean a los niños perdidos o al País de las maravillas.

La actuación infantil no es cosa fácil, además de que sería injusto cargarlos de toda responsabilidad, y si bien es un comienzo un tanto flojo, las carreras de estos jóvenes talentos pueden continuar por mejores trayectos. En el caso de los adultos, tampoco se ven ayudados. Quien más dejó que desear fue el personaje de Angelina Jolie, que no tiene desarrollo alguno ni aporta nada a la trama. En general, los personajes se ven afectados tanto por actuaciones exageradas y poco creíbles, así como por el constante problema de la cinta, un simple bosquejo de referencias a los materiales de origen.

Pero no todo es malo en este filme. Tomando en cuenta que su público objetivo son los menores de edad, cuenta con todo para que se pasen un gran momento en las salas de cine. Al mismo tiempo, recuerda que jamás hay que dejar de soñar ni tener imaginación, y, sobre todo, nunca cargar con los problemas de nuestros padres, sean cuales fueren.

Conclusión

Érase una vez es un intento fallido de darle una refrescada a las películas basadas en relatos infantiles y sin la aparente intención de dejar la puerta abierta para secuelas. Aunque es muy probable que fascine y encante a los más pequeños, ojalá les sea un motor de curiosidad para conocer más de estos personajes que han marcado más de una infancia.

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