Dirigida por Jason Reitman, hijo de director original de las dos primeras entregas, “Ghostbusters: El Legado” (Ghostbusters: Afterlife) es un canto a la nostalgia al cine que se hacía en la década de 1980, captura de forma correcta el espíritu de las cintas de esos años a la par que logra traerles a las nuevas generaciones. Y quizá lo más importante es que logra balancear la comedia con lo serio y lo sobrenatural, sintiéndose completamente orgánica a las otras películas.

Cuando el doctor Egon Spengler fallece, su hija y nietos se trasladan a Summerville, Oklahoma, donde comenzarán una nueva vida. Cuando Phoebe, su nieta, encuentra los objetos que éste usaba para cazarfantasmas, descubre el pasado de su abuelo y junto a su hermano, Trevor, su nuevo amigo Podcast y Lucky, deberá hacer frente a una serie de eventos sobrenaturales que amenazan con destruir el mundo.

La cinta es protagonizada por Mckenna Grace quien es perfecta como la nieta de Egon, logra ser lo suficientemente simpática mientras va dejando su escepticismo y comienza a entender el legado de su familia. Finn Wolfhard, como su hermano, logra dejar atrás la imagen de su personaje de “Stranger Things” dando vida a un adolescente que debe afrontar el dejar todo atrás para vivir en un lugar nuevo alejado de lo que conoce. Acompañándoles en la aventura esta Celeste O’Connor como el interés amoroso de Finn y Logan Kim como el amigo de clases de Mckenna, quien resulta el cómplice perfecto para ella, la forma en que desarrollan su amistad es primordial para la película y nos brinda momentos muy divertidos. Acompañando a los menores se encuentra, como la hija de Egon, Carrie Coon, y como el maestro escolar Paul Rudd, quienes son un gran apoyo sin que sean los protagonistas, sin dejar de tener alguna escena para su lucimiento personal. Y claro hay cameos, anunciados desde el rodaje de la cinta, todos dejando su huella en la mente de los fans en su aparición.

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