Texto: Irving Torres Yllán

El duelo ante la pérdida de alguien nos ha acompañado una gran parte de nuestras vidas es una situación complicada de llevar, la gente busca siempre salir adelante de la mejor forma posible, apoyándose en las experiencias parecidas que haya vivido, muchas veces logrando superarle de una forma no tan dura, en otras ocasiones el dolor es tan fuerte que tarda años en salir. “La Casa Oscura” (The Night House) nos lleva a compartir esa etapa con su protagonista, con resultados decepcionantes al buscar dar un giro sobrenatural, y forzado, a lo que vemos en pantalla.

Beth trata de encontrar sentido a su vida después de que su pareja cometió suicidio. Cuando comienzan a ocurrir hechos sobrenaturales en su casa se convence de que él busca comunicarse con ella y, tras una serie de sueños premonitorios, descubre que hay más de su pareja de lo que ella conocía.

Dirigida por David Bruckner, quien nos entregará el extraordinario primer segmento de “The Signal” (2007) y “The Ritual” (2017), y quien ahora no logra llevar a buen puerto sus ideas al prolongar de forma casi infinita una trama sencilla que se siente llena de paja por todos lados, donde los scarejumps son tan baratos que de predecibles sólo causan bostezos.

La cinta es protagonizada por Rebecca Hall, quien desafortunadamente no puede sostener la película, creando una barrera con el espectador quien jamás logra crear una empatía con ella, resulta hasta antipática por momentos, sin lograr transmitir la pérdida de su personaje o su ira ante las revelaciones ocurren.

La idea principal de “La Casa Oscura”, donde por amor alguien busca engañar a los demonios acechan al otro, queda saboteada casi de inmediato por la decisión artística de realizar una cinta tan contemplativa de inicio que jamás conecta, que no logra interesar al espectador. Una de las decepciones del año.

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