Texto: Asaz Melómano

Tianguis sin igual por lo menos en México, ha permanecido a pesar de los pesares casi 40 años activo y para los que vamos regularmente la mayoría de los sábados, se ha vuelto todo un “ritual” necesario para el intelecto, surgido a principio de los 80’s, justo cuando el rock mexicano iba saliendo de una especie de letargo, gracias a que después de Avándaro fue muy difícil realizar tocadas de forma “legal” por lo que en esa época nacen los hoyos fonkys (SIC) en la periferia de la ciudad, esto más una serie de jóvenes adultos que tuvieron acceso a música como lo fue en esos años el rock en oposición, krautrock y grupos de música progresiva de diversos países, hicieron algunas exposiciones de álbumes en el Museo del Chopo.

Fue tal el éxito que una vez que ya no se encontraban en el museo, tuvieron a bien el realizar intercambios de material a las afueras del mismo, lo cual con el tiempo derivó en que empezaron a beber alcohol, dejando mucha basura, lo que provocó la queja de los vecinos y en consecuencia la re ubicación del mismo, el tianguis tuvo un peregrinaje por la colonia San Rafael, la alameda de Santa María la Ribera, CU, el Poli y en la calle de Oyamel, ubicada en una de las zonas que mas “fama” tienen en cuanto a delincuencia se refiere, duraron algunos meses hasta un enfrentamiento de los punks vs algunas bandas del lugar dejando un saldo rojo y con esto tomando la decisión de buscar un nuevo lugar siendo este la calle de Aldama, en la colonia Guerrero, lugar en el cual se ha mantenido por mas de 30 años.

Estigmatizado, respetado y popular, este tianguis ha tenido muchos prejuicios, desgraciadamente el lugar no le ayuda, ya que está en una de las colonias más populares de la ciudad de México, esto aunado a que en los alrededores predomina la gente con atuendos metaleros, punks, darks y demás parafernalia por demás vistosa, esto hace que muchos (yo me incluyo incluso cuando me encuentro a unas pocas calles) no accedan al lugar por temor de ser asaltados, taloneados e incluso golpeados, nada más lejano de la realidad, ya que en los 20 años que llevo asistiendo y accediendo por todas las calles que rodean el tianguis, jamas me ha ocurrido algún incidente, e incluso puedo decir que no me he sentido con temor, ya que existen una gran cantidad de negocios, haciendo que haya muchos peatones. 

En mis primeras asistencias recuerdo que compré kcts de rock de los 60´s, 70´s y 80´s, sin embargo fue muy agradable ir verificando existe el intercambio y compra venta de prácticamente todos los géneros, desde el pop más comercial hasta discos de salsa, pasando por el jazz, la música clásica y experimental, es una realidad que lo que predomina es el rock y el metal, pero el tianguis va mucho más allá de todo esto, encuentras libros, películas de géneros impensados, ropa, souvenirs y demás artículos relacionados con el arte.

Visitado por extranjeros, gente del interior de la república y personas de la misma ciudad con residencia bastante lejana, es ya una tradición para varios grupos de personas, el ir cada sábado y seguir las platicas iniciadas en el tianguis en una sobremesa y terminando en algún toquin de la ciudad.

En lo personal puedo decir que ha nutrido mi vida de un sin fin de experiencias y conocimientos, ya que cada sábado se descubre un músico o escritor nuevo, si se tiene la oportunidad de ir no debería dejarse pasar, ya que desgraciadamente pienso que no lo quedan muchos años a lo que es en esencia, esto debido al crecimiento a pasos agigantados de la tecnología y que sus fundadores y precursores han ido dejando los puestos o han fallecido, como el caso en diciembre pasado de Carlos Alvarado o hace unos días con la muerte de Juan Heladio (médico, filosofo, poliglota, melomano, etc), quien poseía un extensísimo conocimiento del séptimo arte.

Así que es bueno darse una vuelta de vez en cuando si se quiere ampliar el espectro cultural e intelectual.

“Lo mejor que se puede compartir es el conocimiento”

Alain Ducasse

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