Texto: Havok
En el vasto territorio de las comedias románticas contemporáneas, pocas se detienen a observar lo que ocurre cuando el “felices para siempre” empieza a erosionarse en silencio. ¿Está funcionando esto? parte de una premisa tan cotidiana como incómoda: el desgaste emocional dentro de un matrimonio que, desde fuera, parece ejemplar. Lo que propone no es un relato de escándalos ni de grandes traiciones, sino una exploración honesta de la rutina y sus fisuras.
Alex, interpretado por Will Arnett, y Tess, encarnada por Laura Dern, conforman esa pareja que ha aprendido a convivir sin discutir, a sostener un hogar funcional y a criar hijos perceptivos en un entorno estable. Sin embargo, la película subraya una idea clave: la ausencia de conflicto no equivale a plenitud. La química entre Arnett y Dern se construye desde la contención; sus silencios pesan más que cualquier discusión airada, y ahí radica buena parte de la eficacia dramática.
El giro interesante no está en la decisión de separarse, sino en lo que sucede después. Lejos de recrearse en el drama del divorcio, la cinta se enfoca en la reconstrucción individual. Alex encuentra en el stand-up una vía catártica: el escenario funciona como confesionario y terapia pública, donde el humor se convierte en mecanismo de supervivencia emocional. Tess, por su parte, regresa al deporte, redescubriendo una versión de sí misma que había quedado suspendida entre responsabilidades familiares y compromisos cotidianos. La narrativa equilibra estos dos procesos con un montaje paralelo que sugiere que crecer no siempre implica alejarse, aunque tampoco garantiza el reencuentro.
En su tercera incursión como director, Bradley Cooper demuestra interés por las dinámicas íntimas y los vínculos complejos. Aquí opta por un tono más ligero que en sus trabajos anteriores, pero sin renunciar a la introspección. Sus breves apariciones en pantalla, con un personaje excéntrico que irrumpe en momentos clave, añaden un matiz inesperado que rompe la linealidad emocional y aporta frescura al relato.
Formalmente, la película apuesta por una puesta en escena sobria, con espacios domésticos iluminados de manera naturalista que refuerzan la sensación de cotidianidad. No hay grandes artificios visuales; la fuerza reside en los diálogos y en la vulnerabilidad de sus protagonistas. El guion evita tanto la idealización del matrimonio como la demonización de la separación, y en ese punto encuentra su mayor virtud: retratar el amor como algo mutable, orgánico, sujeto a transformaciones inevitables.
¿Está funcionando esto? no reinventa el género, pero sí lo humaniza. Es una comedia romántica que entiende que el romanticismo también puede existir en la honestidad brutal y en la capacidad de replantearse la propia felicidad. Divertida, emotiva y sorprendentemente realista, la película deja al espectador con una pregunta que trasciende la ficción: en medio de la rutina y los cambios, ¿cuándo fue la última vez que nos atrevimos a cuestionar si aquello que construimos sigue funcionando?





