Texto: Jorge González
Coyote vs. ACME finalmente ha llegado a las salas de cine, arrastrando consigo una intrahistoria de producción tan accidentada y fascinante que bien podría justificar su propio largometraje documental. Haber sobrevivido a las infames cancelaciones y a la turbulenta gestión reciente de Warner Bros. la convierte en un auténtico estandarte de resistencia cinematográfica. Quizá por este mismo contexto extratextual, la película se percibe como una agridulce canción de despedida para los Looney Tunes en su concepción más pura. Utilizar la premisa de una demanda legal para enfrentar el arquetipo de la corporación oscura es un ejercicio metalingüístico brillante, permitiendo a la cinta salir victoriosa frente a un futuro corporativo que, fuera de la pantalla, aún luce indescifrable.
El mayor mérito de la dirección radica en su aguda comprensión del ritmo. El guion logra un equilibrio impecable entre el slapstick clásico ese de yunques cayendo y explosiones de marca registrada y una inteligente sátira que subvierte los clichés de sus icónicos protagonistas. Cuando el polvo se asiente y la historia la juzgue, esta obra podrá sentarse con total orgullo junto a la Space Jam de 1996. Es una digna heredera de su legado que, casi por accidente poético, llega con la fuerza necesaria para conmemorar el trigésimo aniversario de aquel hito noventero sin sentirse como un homenaje forzado.
A nivel formal, la integración de la animación con el live-action es un triunfo absoluto. La cinematografía respira con una iluminación vibrante y propositiva, sacudiéndose por fin esa monótona escala de grises que ha asfixiado la paleta del cine comercial durante la última década. Los personajes animados lucen diseños fluidos y orgánicos dentro del cuadro, respaldados por un elenco humano que entiende a la perfección el código del género. Los actores dominan el delicado arte de la sobreactuación autoconsciente cuando el gag lo exige, pero tienen la sabiduría actoral de bajar la intensidad y anclar la historia cuando esta decide tomarse en serio.
En este cierre de cartelera de agosto, la recomendación es rotunda: asistan a las salas y otorguen a Wile E. Coyote su merecida victoria. Más que consumir un producto de estudio, apoyar esta película es validar un acto de rebeldía autoral antes de que su casa productora se diluya en las afilaciones de cualquier otra compañía externa. Coyote vs. ACME es un logro técnico, pero sobre todo, quedará como el último grito desafiante de unos personajes que decidieron ser irreverentes hasta el mismísimo final.





