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Ladrones convirtió el Pabellón Oeste en una celebración del Flow Pesado

Texto: Deftone

Fotografías: Deftone

El sábado 29 de agosto, Ladrones llegó al Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes para demostrar que aquello que comenzó como una arriesgada mezcla de géneros ya se convirtió en una identidad propia. La agrupación tapatía tomó el escenario de la Ciudad de México apenas un día después del lanzamiento de Arriba La L, su nuevo álbum, y convirtió la presentación en una celebración de su camino, pero también en una declaración de principios sobre lo que significa hacer música sin preocuparse por las etiquetas.

Desde los primeros acordes, el público dejó claro que había llegado dispuesto a entregarse. Las manos formando la característica L aparecieron entre la multitud mientras las guitarras, los beats y las voces de Zxmyr y José Macario llenaban el recinto. Frente a ellos había una audiencia difícil de encasillar, integrada por seguidores del metal, el rap, el trap y los sonidos regionales mexicanos, precisamente los universos que Ladrones ha aprendido a conectar bajo el concepto de Flow Pesado.

La noche sirvió también para mirar hacia atrás. Zxmyr recordó los primeros pasos de la agrupación y aquel concierto en Fuckoff Room que marcó una etapa completamente distinta del proyecto. La diferencia entre aquel momento y el escenario que ahora ocupaban era evidente. Ladrones pasó de construir una propuesta que podía resultar desconcertante para algunos sectores de la escena a presentarse como protagonista ante un público que ya conoce sus canciones, entiende su lenguaje y ha convertido sus conciertos en espacios de encuentro entre distintas generaciones.

Ese carácter incluyente fue uno de los elementos más importantes de la noche. Frente al escenario convivieron quienes llegaron atraídos por las guitarras pesadas y los breakdowns con quienes encontraron en las rimas y los sonidos mexicanos el punto de conexión. La banda no intentó suavizar ninguna de sus influencias. Por el contrario, las puso a convivir con naturalidad y dejó que cada canción encontrara su propia personalidad.

El repertorio recorrió diferentes momentos de la trayectoria del grupo con temas como “Instinto Animal”, “Ya Me La Sé”, “Cloaca”, “Flow Pesado”, “Difícil De Matar” y “Desvelado”, antes de avanzar hacia canciones como “Veneno” y “Altar”, pertenecientes a Mexican Pesado. La respuesta fue creciendo hasta convertir el espacio frente al escenario en una zona de saltos, gritos y mosh pits, mientras Zxmyr constantemente buscaba la participación de los asistentes.

Uno de los momentos que mejor explicó la conexión entre Ladrones y su público llegó con “Así Cambió La Cosa”. La canción fue coreada con una fuerza que dejó ver que detrás de la combinación de géneros existe también una narrativa con la que muchos de sus seguidores se identifican. Ladrones habla de su entorno, de las experiencias de barrio y de una realidad que encuentra en la música una forma de expresión sin necesidad de maquillarla.

La presentación de Arriba La L tenía además un significado especial. El disco había llegado apenas unas horas antes, por lo que incluir sus canciones representaba un primer encuentro entre el nuevo material y una audiencia que prácticamente estaba descubriéndolo en tiempo real. Sin embargo, temas como “Pa’ Mis Carnales” lograron integrarse naturalmente a un repertorio que también recuperó canciones de etapas anteriores, dejando claro que el presente de la agrupación tiene suficiente fuerza para convivir con todo aquello que la llevó hasta este punto.

Otro momento destacado llegó con la aparición de Muñeki77a para interpretar “Extra XD”. La colaboración elevó todavía más la energía del recinto y reforzó la dimensión de un proyecto que cada vez se mueve con mayor libertad entre escenas y públicos. Ladrones parece entender que su crecimiento no depende de pertenecer a una sola comunidad musical, sino precisamente de conseguir que diferentes comunidades encuentren algo propio dentro de sus canciones.

Con “Gloria”, “Nunca Quise Irme”, “Ay Ay Ay”, “Sigan Ladrando”, “Ando En Lo Mío” y el resto del repertorio, el concierto avanzó hasta un cierre que llegó después de poco más de dos horas. “No Que No” y “No Me Importa” pusieron punto final a una noche en la que la agrupación consiguió algo más que presentar un nuevo disco: confirmó que el Flow Pesado dejó de ser solamente una etiqueta para convertirse en una manera de entender la música.

Porque quizá ahí está la verdadera importancia de Ladrones. En una escena donde todavía resulta común intentar clasificar cada proyecto dentro de un género específico, ellos decidieron hacer exactamente lo contrario. Metal, rap, trap y música mexicana pueden coexistir sin que ninguno tenga que desaparecer para darle espacio al otro. El resultado puede ser tan pesado como melódico, tan agresivo como festivo, pero sobre todo reconocible.

El Pabellón Oeste fue testigo de ese proceso. La L levantada entre el público funcionó como símbolo de una comunidad que ya reconoce el lenguaje de la banda y que está dispuesta a acompañarla mientras continúa expandiendo sus límites. Ladrones llegó para presentar Arriba La L, pero terminó ofreciendo algo más importante: la confirmación de que aquella mezcla que alguna vez parecía imposible hoy tiene un público que la entiende, la canta y la hace suya.

El Flow Pesado ya no necesita explicar qué es. Después de una noche como la del 29 de agosto, simplemente necesita seguir sonando.

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