Texto: Deftone

Después de varios años llega la cuarta entrega de la saga Matrix, una cinta que nadie pidió, pero generó mucha expectativa del cómo se iba a desarrollar, ya que Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss regresaban como protagonistas.

La cinta comienza con un déjà vu lleno de fanservice que va directo a la nostalgia, para mostrarnos a Bugs (Jessica Henwick) infiltrada en la Matrix, donde parece que no ha cambiado nada y siguió su desarrollo desde 1999 a la fecha, al poco tiempo encuentra a Morpheus (Yahya Abdul-Mateen) y aquí comienzan ya algunos cambios, ¿por qué éste Morpheus no es el que conocemos? Muy simple, en 2005 salió The Matrix Online y en ese videojuego el Morpheus original murió.

Continuando con la trama se nos presenta en un Thomas Anderson viviendo su vida cotidiana mientras tiene alucinaciones donde es NEO, pero está tan absorto en la Matrix que no sabe ya qué es real o no, es aquí donde Bugs llega junto con Morpheus para hacerle tomar una decisión, seguir con la píldora azul o despertar con la píldora roja.

La cinta dirigida por Lana Wachowski, apela a la nostalgia, llena de flashbacks y momentos que vivimos en las películas anteriores, creando un metataverso que no logra conectar con los fans de la trilogía original, si bien trata de hacer ese salto y englobar a dos generaciones, falla en su intento solo dejando nostalgia en los mayores, pero no una historia que se sienta sólida.

Algo que se destacó sobre todo en The Matrix, fue la forma en que se utilizaron los efectos y las tomas de cámara, muy revolucionarias para su época y aquí solo se ven algunos intentos de propuesta visual sin llegar a causar el impacto que se quería o que alguna vez se tuvo, eso sí, Matrix Resurrecciones es entretenida, las dos horas y media que dura, no se sienten.

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