By: Uli Edel

“A menudo pienso en él, quisiera darle algo de mi fuerza, y ayudarle pero primero necesito esa fuerza para mí”

El mundo es un lugar bastante lúgubre y lleno de miles de drogas, el amor, el alcohol, el azúcar, las drogas fuertes y cualquiera es peligrosa más si se cae en el exceso de consumo. En esta intragable cuarentena los pensamientos son uno a uno más difíciles que el anterior, la tecnología no ayuda mucho en ocasiones ya que nos abstrae de seguir pensando o en su extremo, divagar tanto que ya no separamos la realidad de lo que está dentro de la pantalla. Estos pensamientos me hicieron recaer en los inicios de mi depresión, como adolescente no sabes manejar generalmente las emociones, después de un sinfín de sucesos caí en cuenta que lo que soy ahora es parte de eso, del transcurso de la vida y de lo que consumí en cada momento de ella. Esta película llego a mi vida como mera casualidad, me adentre en ella y supe que todos estamos perdidos, algunos solo aparentan que no lo están, otros tantos solo un poco, pero dentro de sí, cada quien se consume como vapor.

La vida real es el mejor guion para servirse como director, en la época de los sesentas/setentas en Berlín se desataba una ola de adolescente y pubertos descuidados que acudían a bares o pubs en busca de una identidad que reflejara la semblanza triste de sus rostros, todos estaban en contacto con diferentes drogas, pero al tenerlas al alcance e ir escalando una tras otra el escenario próximo era probar la heroína, todos se repetían a sí mismos que ellos no serían un junkie más pero desgraciadamente ya eran parte de la estadística, después de volverse adictos y no poder tener un trabajo por la evidente edad que poseían, su desesperación los orillaba a prostituirse, así era una cadena y eventualmente un amigo o conocido morían, esa era la portada de los periódicos, ver una cara conocida y saber que probablemente el siguiente eras tú si no la dejabas, te hacías la promesa de que esa vez sería la última dosis. Después de miles de casos como estos se hizo famoso un juicio ya que un pedófilo como todos los asquerosos que se aprovechaban de los adolescentes, les pagaba con heroína, Christiane nuestra protagonista estuvo presente y dio su declaración, así comenzó una nueva vida que por desdicha nunca dejo sus vicios, y al estar expuesta a la fama era más fácil tener lo que fuese para saciarla. Conoció a grandes estrellas de Rock de la época, Bowie quedo fascinado por la historia, tanto que participo en la película homónima, el primer lugar que nos relata la desdicha e inicios de Chris con la heroína fue en el concierto de David en Berlín así resultando en una cadena que no tuvo final, aún sigue teniendo recaídas y  su estado de salud es deplorable.

Desde mi perspectiva y como espectadora me pregunte un sinfín de veces donde estaban sus padres, pero creo que realmente ellos también estaban en un bucle emocional, con el muro de Berlín, la Guerra fría y un aparatoso derrumbe dentro de ellos para controlar día a día lo que su contexto les otorgaba, no podían ser más que proveedores económicos. La única salvación para este momento histórico es el legado musical que dejo, discos hechos por Lou Reed, Nick Cave, The Velvet Underground, David Bowie, entre otros.

Fuera de una reseña, es una invitación a grandes manos para escarbar en esta historia, ya sea cualquier variante que se prefiera, el libro “Los niños de la estación del Zoo” o la espectacular película basada en el mismo.

Angélica H.G

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