BY: Cédric Klapisch

“Tiene derecho a ser feliz, tiene derecho a vivir”.

Las calles del centro histórico mantienen una magia totalmente intensa, sinceramente, aunque viva 100 años en este precioso lugar, siempre encontrare nuevas maravillas que me enchinen la piel, que me derrumben quizá, que traspasen mi alma y arropen todo lo que soy… En estas calles extraordinarias hay un rinconcito que te volara la cabeza, hablo de La casa del cine, ubicada en Uruguay 52, entre Isabel la Católica y Bolívar, aquí encontraras un excelente lugar, completamente intimo para disfrutar de lo mejor que nos han dejado las siete artes: el cine.

En una pandemia como la que atravesamos es insoportable la condición humana, totalmente solitaria que desgraciadamente hemos soportado, pero eventualmente salimos y disfrutamos la vida como si nunca hubiera sucedido, algo así sentí cuando por fin, después de tanto acudí al cine, y creo que es muy personal pero, ver el cine, en el cine, es una experiencia que difícilmente se explica.

Ya en el lugar antes mencionado elegí junto a mi acompañante esta película, sin ninguna expectativa pero sabía que me llenaría la boca de razón, la historia se centra en dos jóvenes de treinta años, con buenos trabajos, buenos departamentos pero malos sentimientos, estos que te destrozan paso a paso porque no les ves solución, en algún momento deciden tomar terapia como apoyo emocional y porque están en un hoyo que aparentemente no acabara nunca. La problemática se desarrolla en que son vecinos, balcón a balcón sucumbe su vida pero nunca se conectan, toda la interrelación se ve pasmada por una indecisión que ellos no entienden, quizá porque no es su momento, aún no están listos para conocerse y justo la trama te remolina el estómago esperando el momento justo donde ellos crucen sus ojos, esperando que suceda en cualquier lugar en el que se topen, pero ¿pasara? No lo sé. Pero si sé que debes darle una oportunidad a esta película porque los franceses si saben de algo, es de cine.

En general la trama es muy absorbente, la fotografía es excelente y sabe introducirte para que te sientas uno con la situación, la música es perfecta para los momentos adecuados y quizá sientas una lagrima resbalar por tu mejilla cuando todo termine.

Mis observaciones finales son que las relaciones humanas son un embrollo que lamentablemente concurrimos diariamente, pero las relaciones sociales a través de aplicaciones son aún más tormentosas, eventualmente no importa que tan dañado estés, ahí, en un rincón del mundo encontraras a alguien que entienda esos procesos e infiernos que no solemos contar a todos. El amor no necesariamente debe ser romántico pero siempre debe haber ternura de su parte.

-Angélica H.G

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