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Alejandra Guzmán en la Arena CDMX: una reina imparable que brilló con rock, rebeldía y corazón

Texto: Deftone

Fotografías: Deftone

La Arena Ciudad de México fue tomada por el fuego escénico de Alejandra Guzmán, quien ofreció un espectáculo colosal como parte de su Brilla Tour. Con más de 10 mil asistentes vibrando al unísono, la Guzmán se reafirmó como una de las figuras más icónicas del rock en español, fusionando potencia vocal, emotividad y una producción visual de alto impacto.

Desde el primer acorde, la noche prometía intensidad. Alejandra apareció sobre el escenario entre juegos de luces y una estructura que incluía un auto a escala, un diamante gigante suspendido y pantallas con proyecciones impactantes. “La Plaga” y “Luz de Luna” marcaron el arranque con fuerza y actitud, calentando motores para una velada cargada de nostalgia, potencia y complicidad con su público.

La conexión con la audiencia fue total, pero también íntima. En uno de los momentos más emotivos, la cantante bajó del escenario para abrazar a su padre, Enrique Guzmán, en una escena que selló públicamente su reconciliación. Poco después, la noche alcanzó su punto más sensible con el homenaje a su madre, Silvia Pinal, recientemente fallecida. Alejandra interpretó “Rosas Rojas” entre lágrimas y con la voz quebrada, mientras la audiencia respondía con un aplauso cerrado que pareció eterno.

El repertorio fue una descarga de clásicos: “Volverte a Amar”, “Reina de Corazones”, “Yo Te Esperaba”, “Mala Hierba”, “Eternamente Bella” y, por supuesto, el himno de independencia emocional “Hacer el Amor con Otro”, que retumbó con fuerza en cada rincón del recinto. El momento sorpresa de la noche fue cuando Río Roma apareció en el escenario para interpretar a dueto “Día de Suerte”, desatando una ovación generalizada.

La producción fue impecable y completamente pensada para amplificar cada emoción. Desde motocicletas girando sobre el escenario hasta bailarinas en suspensión aérea y cambios de vestuario espectaculares, el concierto fue un festín visual. En una noche de orgullo, Alejandra ondeó una bandera LGBT+ como gesto de inclusión y libertad, recibiendo el apoyo masivo de su audiencia con gritos, aplausos y mucho amor.

Después de dos horas de energía sin tregua, el clímax llegó con “Míralo, Mí­rala”, pero el cierre real ocurrió a lo grande: volvió al escenario, olvidó el micrófono, se rió de sí misma y cerró la noche con la fuerza que la caracteriza, cantando a capela su himno más icónico. Y como siempre, dejó un mensaje claro:

“Qué suerte ser mexicana y ser feliz… ser libre hasta para trabajar.”

A sus 57 años, Alejandra Guzmán sigue siendo una fuerza de la naturaleza. Su voz sigue rugiendo, su actitud se mantiene desafiante y su entrega es total. Más que un concierto, Brilla Tour fue una experiencia donde el rock se mezcló con la emoción, lo visual con lo visceral, y la rebeldía con el amor.

La reina sigue brillando. Y lo hace con luz propia.

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