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Cradle of Filth Sumergió a la CDMX en un Sabbat Inolvidable

Texto: Deftone

Fotografías: Deftone

La noche del sábado 28 de septiembre en la Carpa Velódromo de la Ciudad de México no fue una más en el calendario. Fue un ritual, un aquelarre convocado bajo el manto de la oscuridad donde Cradle of Filth, los sumos sacerdotes del extreme metal británico, ofrecieron un sermón de pura y decadente belleza sónica. Desde el primer grito gutural hasta el último acorde distorsionado, el recinto se transformó en un espacio liminal entre nuestro mundo y uno de fantasía gótica y pesadilla lovecraftiana.

El hechizo comenzó con el ominoso ambiente de “To Live Deliciously”, una introducción que preparó el terreno para el torbellino que se avecinaba. Sin dar tregua, la banda se lanzó de lleno a “The Forest Whispers My Name”, un clásico que inmediatamente encendió la mecha del frenesí colectivo. Los riffs veloces y los blast beats, característicos del sonido de la banda, chocaron contra el público como una marejada.

La energía no decayó, sino que se transformó con la llegada de “She Is a Fire” y “Malignant Perfection”, demostrando la evolución de la banda y su capacidad para mantener una ferocidad impecable. Dani Filth, una figura esquelética y eléctrica en el escenario, comandaba la ceremonia con sus icónicos gritos, que oscilaban entre desgarradores shrieks y guturales profundos, desafiando los límites de las cuerdas vocales humanas.

Fue con la majestuosa y brutal “The Principle of Evil Made Flesh” que el concierto encontró uno de sus muchos clímax. La canción, un pilar fundamental de su discografía, sonó tan fresca y poderosa como en los años 90, un recordatorio de por qué Cradle of Filth se coronó como un referente del género.

El setlist fue una montaña rusa de emociones oscuras. “Heartbreak and Seance” ofreció un respiro atmosférico y melódico, mientras que “Nymphetamine (Fix)” hipnotizó a todos con su estribillo casi contagioso, coreado a todo pulmón por la multitud. La brutalidad regresó con fuerza en “Born in a Burial Gown” y “White Hellebore”, antes de dar paso a un interludio que anunciaba algo épico.

El ritual se acercaba a su fin, pero no sin antes entregar sus últimos y más venenosos frutos. “Cruelty Brought Thee Orchids” sonó como una oda siniestra y compleja, seguida por el hechizo técnico y acelerado de “Death Magick for Adepts”.

Y como todo gran final, no podía faltar un himno. “Her Ghost in the Fog”, con su introducción de piano inconfundible, cerró la noche con broche de oro. La canción, épica y melancólica a la vez, envolvió a la Carpa Velódromo en un manto de nostalgia y poder, uniendo miles de voces en un coro infernal que resonó mucho después de que las luces se encendieran.

Cuando el último eco se desvaneció, solo quedó el silencio y la satisfacción en el rostro de los asistentes. Cradle of Filth no solo dio un concierto; ejecutó una ceremonia impecable, un viaje a través de tres décadas de música que demostró que, en el mundo del metal extremo, su trono sigue tan firme y malignamente perfecto como siempre. La CDMX fue testigo, una vez más, de que algunos fantasmas, especialmente los que merodean en la niebla del escenario, nunca dejan de hechizar.

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