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Jamiroquai en la Arena CDMX: Una odisea de funk, improvisación y baile ininterrumpido

Texto: Deftone

Fotografias: CORTESÍA ZIGNIA LIVE

Siete años de espera parecían una eternidad, pero cuando la nave nodriza de Jamiroquai finalmente aterrizó de nueva cuenta en nuestro país la noche del pasado domingo 27 de septiembre, el tiempo simplemente dejó de importar. La Arena CDMX mutó, abandonando su frialdad de concreto para convertirse en una auténtica pista de baile inmersiva, vibrando bajo el marco de su Latin America Tour 2026.

La impaciencia se palpaba en el aire. Aunque los actos de apertura a cargo de Joy (Anonymous) habían calentado los motores desde temprano, la verdadera catarsis colectiva se hizo esperar un poco. Fue hasta las 21:40 horas cuando las luces bajaron de golpe y los sintetizadores reclamaron su protagonismo absoluto. Jay Kay irrumpió en el escenario con ese inagotable despliegue físico y su característico penacho iluminado, sumergiéndonos de inmediato en una estética visual deslumbrante, con marcados destellos retro-futuristas que combinaban a la perfección la nostalgia disco con una precisión sonora impecable.

Pero lo que presenciamos esa noche no fue un simple repaso de grandes éxitos para complacer a las masas. El ensamble londinense vino a darnos una verdadera cátedra de maestría en vivo. Las canciones de su compacto repertorio no se limitaron a sus versiones de estudio; cada pieza fue alargada, mutando sobre la marcha con arreglos musicales soberbios. Fue un jam gigantesco donde la sección de metales, las líneas de bajo profundamente orgánicas y la inconfundible voz de Kay tomaron el control.

La cúspide de esta genialidad de improvisación llegó cuando uno de los cortes se extendió en un viaje sonoro monumental de 14 minutos. Nos mantuvieron hipnotizados, navegando por texturas instrumentales que demostraban el tremendo nivel técnico de cada músico sobre la tarima. Entre este repertorio expandido, gozamos de cortes con un groove pesadísimo como “(Don’t) Give Hate a Chance”, la siempre sofisticada “Little L” y la psicodelia de “High Times”. Por supuesto, el estallido de la arena entera fue inevitable al escuchar los primeros y célebres acordes de “Virtual Insanity”.

Tras más de dos horas de sudor, coros multitudinarios y una sobredosis de funk espacial, los últimos compases resonaron en el recinto, cerrando el telón exactamente a las 23:50 horas. Salimos exhaustos, con los oídos zumbando de la mejor manera posible y con la certeza de que, más allá del deslumbrante espectáculo visual, el corazón analógico y el talento en directo de Jamiroquai siguen operando con una vitalidad aplastante.

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