Texto: A.J. Navarro
Fotografías: OCESA / Lulú Urdapilleta
La lotería es un juego de azar con origen mexicano. Usualmente consta de un mazo de 50 cartas y un número indefinido de tarjetas que van saliendo al azar, cada una representando una figura como el catrín, el corazón, el valiente y otras cuantas más.
Al igual que este peculiar juego, los Tigres del Norte son mexicanos, de raíces sinaloenses, que comenzaron su historia en 1968. Liderados por Jorge Hernández, el mayor de los hermanos que forman parte de esta agrupación conformada por Hernán, Eduardo y Luis, junto a su primo Óscar Lara, el ruido de los denominados Jefes de Jefes ha sido dominante y lo demostraron el viernes por la noche en un lleno total en el Palacio de los Deportes.
Amenizando la velada previa al juego de lotería musical al que los fanáticos de todas edades jugarían con ellos, el Domo de Cobre gozaba con los vídeos de algunos de los más recientes temas de los norteños, todo hasta llegar a 5 minutos antes de las 9 de la noche, donde las leyendas hacían su gran aparición en el escenario que contaba con dos pantallas laterales y tres en el fondo.
Las primeras cartas de este juego de azar llegaron con Pacas de a Kilo y El Avión de la Muerte, ofreciendo un par de episodios de 1989 y 1993, provocando el primer rugido de los presentes. Pero fue Mi Buena Suerte la primera carta sentimental que todos tenían en sus tablas de juego, provocando memorias de ese álbum homónimo mientras Jorge agradecía a todos por su presencia y apoyo a una legendario carrera que nadie más tiene.
Aquí Mando Yo, de las más recientes cartas de la lotería de los Tigres, servía de recordatorio para los presentes y otras cuantas bandas de que ellos seguían siendo los amos del regional mexicano. Para rematar, la nueva carta revelaba un corrido clásico de ellos en La Reina del Sur, del 2002, conocida por el libro de Pérez Reverte así como la novela de Kate del Castillo. Pero el juego de azar apenas encendía sus primeros motores.
Hablando de motores, La Camioneta Gris, de 1989, arrancaba los gritos de ajúa en otro amado corrido de los Tigres que además ilustraban la canción de esta lotería con escenas de la cinta en la que participaron en 1990. Y así, entre corridos y baladas también había baile a ritmo de La Manzanita, que si puso a bailar a algunos que ya se sentían ganadores del azar mientras otros aprovechaban para desgastar las botas y sombrero bailando a ritmo de los acordeones.
El juego adquirido un tenor serio cuando Jorge, el “tigre mayor”, hacia alusión a la situación social de sus paisanos con dos cartas más. Una, La Jaula de Oro, que desde 1984 hace alusión a la triste realidad de varios compatriotas y que, con Trump en el poder, cobra mayor relevancia. De ahí, siguió La Carta, donde la añoranza del regreso para los paisanos en el país vecino del norte resaltaban en este reciente éxito de los sinaloenses.
Ahora los Hernández sacaban otra de sus cartas poderosas en su lotería musical con Pedro y Pablo y su ya memorable frase de inicio: “Pedro que gusto de verte, supe que eras licenciado”. Coros en todo el Palacio resonaban para luego pasar a una de las cartas dolidas del juego en La Mesa del Rincón, del álbum de 1994, Los Dos Plebes, dedicada a aquellos corazones rotos y las lágrimas ocultas de algunos valientes. Pero para sacudirse esa sensación que mejor que el desdén absoluto de Ni Parientes Somos, llevándonos otra vez a 1989 y una imagen de indiferencia para los ardidos y profundamente heridos por alguien.
Los Tigres del Norte hicieron una pausa y aprovecharon para presentar a los mariachis y bailarinas que dejaron sentir la pasión mexicana con el Son de la Negra, Mi Ciudad y Los Mandados, para la cual los norteños creaban una competencia entre hombres y mujeres, manteniendo a tope los ánimos que nuevamente se encendieron cuando la lotería musical comenzó con Por tu Maldito Amor, rindiéndole tributo a su amigo Vicente Fernández.
Acostumbrados a que sus juegos de azar musical duren bastante tiempo, Juan y compañía no faltaron a esa costumbre. Así, el climax del azar musical llegaría con tremendo fuerza cuando el Jefe de Jefes levantó a todos y puso a retumbar el Domo de Cobre, seguido de otra de las inolvidables cartas de los Tigres, Golpes en el Corazón, tema que gracias a su versión Unplugged con Paulina Rubio, le abrió la puerta abierta estas leyendas a nuevas generaciones. Entre cantos, llantos y luces de celular, esa carta clásica la tuvimos todos en nuestro juego.
El himno reciente de La Lotería, tema que hace alusión a los políticos mexicanos y extranjeros así como al problema del narco, muy al estilo de otras rolas de los Tigres del Norte, siguió la fiesta. Y ahora, el azar sacó a juego otro clásico corrido: La Banda del Carro Rojo, tema del filme homónimo de los Almada de 1978. Si, estas leyendas también forman parte de la historia del cine mexicano.
Acercándonos a las 2 horas y media, los Hernández agradecía la pasión del público, su entrega y apoyo por todo este tiempo. Pero también agradecieron a una carta de esta lotería del azar, misma que les cambió por completo la vida y carrera en sí. Así, la historia de Camelia la texana con su Contrabando y Traición, estrenada en 1974, comenzó la estrenada final de un juego que tuvo como ganones a los 17 mil espectadores que llenaron el lugar.
Quiero Volar Contigo también sonó para aquellos enamorados pero el candado del adiós a esta lotería musical la podrían dos himnos de esta legendaria banda con La Puerta Negra, tema de 1986 hecho película que todo buen mexicano se sabe porque cuando uno quiere a una chica, cualquier puerta sale sobrando. Luego, hubo fiesta en América con los norteños, interpretando este popular tema del mismo año que el éxito anterior donde se resalta en tiempos de división y fronteras duras que “haber nacido en América es como una bendición”. Y si, lo es.
Teniendo en frente un cierre lleno de complacencias, la energía de la legendaria banda solo demostró una vez más que Los Tigres del Norte son los maestros de la música regional mexicana, llegando casi a seis décadas de historias que siguen alimentando las cartas de su historia musical y de la identidad mexicana nata. No importa si es un corrido, una bailable o una protesta, no hay rugido en esta tierra como el de los Hernández.










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