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Little Jesus Prende Fuego al Palacio de los Deportes

Texto: Andrea Nahomi

Fotografías: OCESA / Lulú Urdapilleta

El Palacio de los Deportes vibró como pocas veces la noche del sábado con el sonido envolvente y la energía desbordada de Little Jesus, que se lanzó con todo en un concierto que fue mucho más que música: fue una fiesta, una catarsis colectiva y una carta de amor a sus fans.

Desde que se apagaron las luces y comenzaron los primeros acordes, el recinto se convirtió en un mar de voces coreando a todo pulmón. La banda chilanga lo dio todo sobre el escenario: saltos, abrazos, gritos de emoción y hasta lágrimas. El público, fiel y entusiasta, respondió con euforia a cada movimiento, como si cada canción fuera un pedazo de su propia historia.

Con una producción impecable juegos de luces hipnóticos, visuales psicodélicos y un sonido que reventaba el alma, Little Jesus dejó claro por qué es una de las bandas más queridas y respetadas de la escena alternativa nacional. Su mezcla de rock, indie y pop fluyó sin esfuerzo, haciendo que cada canción fuera una montaña rusa emocional.

El setlist fue una joya que repasó su carrera, desde sus himnos más recientes del disco El show debe continuar, hasta clásicos ya infaltables como TQM, Azul, La magia y Químicos. Y por si eso fuera poco, el desfile de invitados convirtió el concierto en un verdadero festival de colaboraciones.

Ximena Sariñana, Jessie Báez, Daniela Spalla, Macario Martínez, Paloma Murphy y María de Disco Bahía se unieron a la fiesta, cada uno aportando su toque único a una noche ya de por sí inolvidable. El público estalló cada vez que alguien nuevo subía al escenario, y la química entre todos fue palpable.

“¡Gracias por venir! ¡Los queremos un chingo!” gritó Santiago Casillas, visiblemente emocionado, mientras sus compañeros sonreían con los ojos brillando. A lo largo de casi tres horas, Little Jesus se encargó de confirmar lo que muchos ya sabíamos: son una de las mejores bandas que ha dado México en la última década.

El Domo de Cobre fue testigo de una noche mágica, de esas que se quedan tatuadas en la memoria. Little Jesus no solo dio un show, nos regaló una experiencia que se siente como volver a casa, como un abrazo musical que te dice: “todo va a estar bien”.

Y sí, mientras el show debe continuar, nosotros seguimos cantando con el corazón en la mano.

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