Texto: Havok
Una mente fragmentada en un thriller de terror psicológico
Dentro del panorama reciente del cine mexicano de género, Psicópata: El asesino del conejo blanco, dirigida por J. Xavier Velasco, se presenta como una propuesta que apuesta por el terror psicológico y la exploración de la mente humana más que por los sobresaltos convencionales. La cinta construye su narrativa a partir de una premisa inquietante: Nora, una detective marcada por un trastorno de identidad disociativo, debe enfrentarse a un asesino serial que deja como firma pequeñas figuras de origami en forma de conejos.
Desde sus primeros minutos, la película establece una atmósfera densa, en la que la fragilidad mental de la protagonista se convierte en un elemento tan importante como la propia investigación. Interpretada con intensidad por Adriana Llabrés, Nora es un personaje que se debate constantemente entre el control y el caos, lo que añade una capa adicional de tensión al desarrollo del caso. A su lado, las actuaciones de Hoze Meléndez, Andrés Almeida y Horacio García Rojas aportan solidez a una historia que se mueve entre la investigación policial y el descenso psicológico.
Lejos de centrarse únicamente en la figura del asesino, la película plantea un paralelismo entre víctimas, detectives y criminales, sugiriendo que todos cargan con heridas internas que pueden definir su destino. Esta aproximación le permite al filme construir una narrativa donde la línea entre la cordura y la locura se difumina constantemente, manteniendo al espectador en un estado de incertidumbre.
Visualmente, la cinta apuesta por una estética sombría que refuerza su tono inquietante, mientras que el uso del simbolismo particularmente a través de los conejos de origami funciona como un recurso perturbador que se mantiene presente a lo largo del relato. El ritmo, por momentos pausado, privilegia la construcción de atmósfera sobre la acción inmediata, lo que puede resultar exigente, pero también más inmersivo para el espectador.
Más allá de la pantalla, la propuesta se extiende con una experiencia interactiva en Cinépolis Fórum Buenavista, donde algunas funciones permiten al público participar en una dinámica posterior a la proyección. Esta extensión del relato refuerza la intención de la película de involucrar al espectador no solo como testigo, sino como parte activa de la historia.
Psicópata: El asesino del conejo blanco se posiciona así como una apuesta interesante dentro del terror mexicano contemporáneo, una que privilegia la tensión psicológica y la complejidad de sus personajes por encima de los recursos fáciles, ofreciendo una experiencia que, tanto dentro como fuera de la sala, busca dejar una huella persistente.





