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Wicked: Por Siempre

Texto: Havok

En un panorama saturado de secuelas y universos compartidos, Wicked: Por Siempre irrumpe como un fenómeno inesperado por su capacidad de renovar el asombro colectivo. La segunda parte de esta ambiciosa saga musical no solo expande el imaginario fantástico inspirado en El mago de Oz, sino que consolida un lenguaje cinematográfico propio, donde la exuberancia visual convive con un intimismo dramático que otorga profundidad emocional a cada giro de la trama.

La película retoma la historia justo donde la entrega anterior la dejó, enfocándose en la evolución de la compleja relación entre Elphaba y Glinda. En esta secuela, ambas protagonistas enfrentan dilemas morales que las obligan a replantear su lugar en un mundo donde la magia convive con estructuras de poder marcadas por el prejuicio. La puesta en escena enfatiza esta dualidad: mientras las coreografías y números musicales despliegan un espectáculo casi barroco en su diseño visual, los momentos de confrontación íntima se sostienen en encuadres más sobrios, que privilegian los matices interpretativos sobre el artificio escenográfico. Esta alternancia dota a la narrativa de un ritmo emocional que se siente orgánico y maduro.

Ariana Grande, en su regreso como Glinda, ofrece una interpretación sorprendentemente matizada. Su presencia mantiene el brillo y ligereza del personaje, pero incorpora una calidez que sugiere una evolución interna más compleja. Ya no se trata únicamente de la figura luminosa y encantadora; su Glinda exhibe grietas emocionales que la vuelven más humana, más cercana, permitiendo que la audiencia conecte con sus inseguridades y contradicciones. Grande domina el tono híbrido que exige el musical: sabe cuándo dejarse llevar por la teatralidad vocal y cuándo retraerse para articular silencios que dicen tanto como una canción.

En contraste, Cynthia Erivo continúa siendo el pilar emocional del relato. Su Elphaba posee una presencia escénica magnética que captura la cámara con una naturalidad casi abrumadora. Erivo no solo canta: interpreta cada nota como si fuera un latido que articula la identidad misma del personaje. Sus momentos vocales son de una contundencia tal que algunas secuencias parecen construidas alrededor de su potencia interpretativa. Pero más allá de la impecable ejecución técnica, lo que destaca es su capacidad para transmitir vulnerabilidad incluso en los estallidos más épicos, haciendo de Elphaba una figura trágica cuya lucha interna sostiene el corazón de la película.

El trabajo técnico también merece un reconocimiento especial. La producción muestra un nivel de detalle minucioso en el diseño de vestuario y la construcción de escenarios, buscando mantener coherencia estética con la primera parte sin renunciar a una evolución visual que dialoga con la madurez narrativa. Los textiles, colores y siluetas responden a una lógica interna del mundo mágico, reforzando tanto la identidad de los personajes como los contrastes socio–políticos en los que se mueven. A ello se suma la decisión de grabar parte del material vocal en vivo durante el rodaje, una apuesta poco frecuente en grandes producciones musicales contemporáneas. Este recurso otorga autenticidad a diversas secuencias, permitiendo que la emoción del momento se filtre en la interpretación sin los retoques con los que suele suavizarse la experiencia sonora.

Si bien Wicked: Por Siempre sigue abrazando la espectacularidad que caracteriza a la franquicia, lo hace desde un enfoque más introspectivo. La combinación de escenarios colosales, números musicales coreografiados con precisión y un guion que no teme detenerse en los conflictos internos de sus protagonistas resulta en una obra que se siente más redonda y emocionalmente resonante que su predecesora. La película no solo expande el universo sino que afianza su dimensión afectiva, invitando al espectador a reflexionar sobre la otredad, el poder y la amistad en tiempos convulsos.

Para quienes encuentran consuelo y deleite en las historias de hechiceras, melodías poderosas y mundos donde la magia es vehículo de resistencia, esta secuela será un abrazo cinematográfico. Wicked: Por Siempre no solo cumple, sino que reafirma por qué este universo continúa capturando la imaginación del público con una fuerza que pocas franquicias logran sostener.

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