Con ojo de cineasta y alma post-punk, el multifacético creador de la CDMX entrega un video intenso, simbólico y brutalmente honesto.
El estreno del videoclip oficial de Evening 1 confirma algo que queriamos ver: Ian Leo no solo es un músico en ascenso dentro del universo post-punk mexicano, sino también un cineasta nato capaz de convertir cada cuadro en una declaración estética. Su mirada detrás de la cámara es tan contundente como su presencia en el escenario, y este nuevo lanzamiento se convierte en la evidencia perfecta de cómo un artista puede habitar dos disciplinas sin fracturarse, sino enriqueciéndolas mutuamente.
Dirigir su propio video no es un gesto improvisado. Ian se aproxima al cine con un entendimiento profundo de la narrativa visual, de la luz como emoción y del espacio como metáfora. En Evening 1, hace uso de su experiencia cinematográfica para construir un relato cargado de simbolismo, donde cada encuadre funciona como un acto dramático y cada elemento del set revela un fragmento de su mundo interior. La textura que evoca al celuloide de 35mm, el grano que respira, la vibra táctil de la imagen… nada es casual: todo pertenece a un lenguaje construido con precisión, detalle y sensibilidad.
El Museo del Juguete Antiguo México, convertido en escenario, se siente más como un personaje que como una locación. Ian lo recorre con la habilidad de quien entiende cómo transformar un espacio físico en un estado emocional. Las vitrinas dan la impresión de ser cápsulas de tiempo; los pasillos, pasajes hacia memorias colectivas; los objetos, vestigios de una historia que se repite. Esa conciencia del entorno es profundamente cinematográfica: no solo decora la escena, sino que la sostiene. El museo no actúa —dialoga con el protagonista y responde a su entrega como performer.
Lo más poderoso del video ocurre en la forma en que Ian fusiona cine y performance. Su personaje, un sacerdote gótico atrapado en un ritual post-punk, es interpretado con la intensidad de alguien que entiende la importancia del cuerpo frente a la cámara. La iluminación, la composición, los silencios entre notas y respiraciones… todo está dirigido para que su presencia no sea solo vista, sino sentida. Aquí, la música funciona como detonante emocional, pero es el lenguaje cinematográfico el que moldea la atmósfera, tensando la experiencia hasta convertirla en un trance visual.
A lo largo del video, puede reconocerse un dominio del ritmo visual: los cortes, la cadencia, los momentos en que la cámara se acerca o se retrae para amplificar la sensación de devoción o desgaste. Es un ritmo que resuena con la naturaleza misma del post-punk: crudo, introspectivo, melancólicamente violento. Pero lo que distingue este trabajo es la forma en que Ian encamina ese espíritu hacia una narrativa personal. Su cine no busca imitar; busca revelar. Revelar la tensión entre el símbolo y la persona, entre el ídolo y el cansancio, entre la entrega artística y la autodestrucción ritual.
El desenlace del video, con el artista siendo arrastrado por su propia audiencia, es una postal cinematográfica cargada de brutal honestidad. No es solo una escena fuerte: es un cierre narrativo construido con intención, ritmo y significado. Ian sabe colocar la cámara donde duele, donde la vulnerabilidad pesa más que la estética, y esa decisión es la que convierte Evening 1 en algo más que un videoclip.
Con este estreno, Ian Leon demuestra que su visión visual es tan sólida como su propuesta musical. Su capacidad para dirigir, encuadrar, iluminar y narrar lo posiciona no solo como un músico interesante, sino como un creador audiovisual completo. Evening 1 es la prueba de que, cuando un artista entiende el cine desde adentro, incluso un video musical puede transformarse en una experiencia cinematográfica que trasciende la pantalla.


